miércoles, 30 de junio de 2010

Del Coliseo Romano al Nelson Mandela Bay.

"Para que su horror sea perfecto, César, acosado al pie de una estatua por los impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Marco Junio Bruto, su protegido, acaso su hijo, ya no se defiende y exclama: ¡Tu también, hijo mío! Shakespare y Quevedo recogen el patético grito.
Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; decinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero che! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena."
Jorge Luis Borges, Antología Personal
(Fragmento)
Qué sorprendente pueden llegar a ser las repeticiones o "coincidencias" que la vida nos va entregando. Este extracto retrata fielmente lo que aquí queremos enfatizar: Por más que pase el tiempo, en la vida y, en este caso particular, en el fútbol se repiten ciertos patrones. Veamos por qué.
La cita nos habla de un romano que se da cuenta que lo ha traicionado alguien muy cercano. Es precisamente allí donde quiero que nos remontemos, a la antigua Roma. ¿Quién no conoce el enorme Coliseo Romano? ¿Han oído hablar de los gladiadores?
Como fielmente retrata la película de Ridley Scott, Gladiador, los mejores peleadores iban adquiriendo renombre, por lo que atraían más gente y eran vendidos en altos precios. El filósofo Lucio Anneo Séneca nos dejó un texto que puede servirnos a modo de contextualización:

“Llego a casa más lleno de avaricia, más cruel e inhumano, porque he estado entre los seres humanos. Por casualidad, a mediodía asistí a una exhibición, esperando un poco de diversión, unos chistes, relajarme... mediante lo cual el hombre puede descansar los ojos de la matanza de sus compañeros. Pero, salió todo lo contrario... Estos peleadores de mediodía salen sin ningún tipo de armadura, se exponen sin defensa a todos los golpes, y ninguno golpea en vano... Por la mañana echan los hombres a los leones; al mediodía se los echan a los espectadores. La multitud exige que el victorioso que ha matado a su contrincante se encare al hombre que, a su vez, lo matará, y el último victorioso lo reservan para otra masacre. Esta clase de evento toma lugar estando casi vacías las gradas... El hombre, sagrado (se supone) para el hombre, lo matan por diversión y risas.”
Will Durant, La historia de la civilización, Tomo III. “César y Cristo.”
A esta altura, al lector no le será difícil notar cómo se relaciona el fútbol actual con este primitivo deporte. Veamos un titular de hace un par de meses:

"El Real Madrid ficha a Cristiano Ronaldo por 94 millones de euros.
El Manchester ha anunciado que acepta la oferta del Madrid y se convierte en el traspaso más caro de la historia"
Vemos aquí como el famoso Cristiano Ronaldo es vendido en 94 millones de euros, un auténtico gladiador del fútbol. Hace mucho tiempo que los clubes futbolísticos se alejaron de la intención del deporte o la recreación de los espectadores; hoy en día, es todo lucro. A mayor calidad en tu equipo, mayores posibilidades de ganar un campeonato y, con ello, prestigio y dinero. El prestigio atrae espectadores, los cuales pagan cada vez más altos precios por verlos. Así, entre más estrellas tengas en tu equipo, más gente llega a los estadios y, por lo tanto, obtienes aún más ganancias. Incluso entre los espectadores surgen rivalidades que hace mucho dejaron de ser "sanas": asesinatos, golpizas y desmanes son pan de cada día en nuestro mundo futbolístico. La preferencia de un equipo u otro ya no es algo que puedas expresar abiertamente: si no quieres correr riesgos de salir lastimado, debes tener mucho cuidado de a quién se lo dices.
En edades pasadas, el hombre obligaba a pelear al hombre para entretener a la gente. Hoy parece ser que esta lucha se trasladó a las galerías, mientras los jugadores compiten unos contra otros, sin siquiera respetarse entre ellos, para mantener el espectáculo y ganarse la vida. Los mejores jugadores obtienen renombre y son comercializados como verdaderas "máquinas del fútbol" e incluso se convierten en figuras de marcas que ya no son sólo deportivas, sino que van desde aseo personal hasta ropa interior; mientras tanto, los mejores peleadores en las galerías son nombrados "jefes de barra".
Si el fútbol es así, ¿Cómo, entonces, aprobamos la idea de que el mundial de fútbol siga siendo realizado? La respuesta en manos de Sergio...

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